lunes 9 de noviembre de 2009

Para quienes nos siguen

Para tod@s vosotr@s que seguís nuestro blog, está dedicado este sugerente saludo de nadine.

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domingo 8 de noviembre de 2009

El Alma Oscura


Llegaba a casa del trabajo. Estaba deseando desnudarse y darse una larga ducha con agua caliente, tenía tiempo de sobra antes de que su amiga Ana llegara a su casa para cenar juntas. Agotada después de la larga jornada, caminaba lentamente. A pesar del cansancio, su paso no perdía la elegancia natural que lo caracterizaba; subida en sus tacones, con el traje de chaqueta marcando sus formas generosas, se encaminó hacia su casa desde el garaje.

Cuando entró en el portal vio que había un grupo de operarios reparando algo en la escalera, hablaban, y cuando pasó a su lado se hizo el silencio. Uno de ellos se le quedó mirando fijamente a los ojos y después paseó la mirada por todo su cuerpo deteniéndose en sus pechos y en sus nalgas. Ella se sintió incómoda y agradeció que el ascensor llegara pronto, entró, aliviada, y pulsó el botón de su planta. Mientras subía volvió a escuchar las voces de los obreros.

-Menuda hembra

-Tiene que tener un polvo de impresión, ya quisiera yo follar a una tía así

-¿Os habéis fijado en sus tetas?... Y ¡menudo culo!

Conforme las voces se iban apagando, se vio reflejada en el espejo del ascensor y se miró detenidamente. A pesar del cansancio, estaba radiante, sus ojos negros profundos, la boca bien formada, el bonito ovalo de su cara... No le extrañó que aquél hombre la hubiera mirado de esa forma, y, aunque se sintió turbada, en el fondo disfrutó de aquellos ojos ávidos y de aquellas palabras que se referían a ella en aquel tono explícito, y se sonrió tímidamente.

Entró en casa descalzándose ya en la puerta –dichosos tacones- pensó. Dejó la cartera y el bolso en la entrada y pasó disfrutando del suelo duro en sus pies, al fin libres. Se dirigió a su dormitorio, se desvistió dejando el traje y la camisa sobre la cama. Vio su cuerpo reflejado en el espejo del dormitorio y volvió a mirarse detenidamente. El conjunto de ropa interior negro hacía que su piel blanca destacara brillante, el sostén erguía sus pechos generosos y la braga dejaba adivinar los contornos de su sexo.
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Volvió a deleitarse mirando, acarició su escote y apretó sus pechos con sus manos, disfrutando.Tenían razón esos tipos, -un buen par de tetas, si señor- se dijo sonriéndose. Notaba como sus pezones reaccionaban bajo sus manos, y no pudo dejar de rozarlos, arañándolos suavemente sobre la tela, haciendo que crecieran y se endurecieran más, sintiendo el calor que aumentaba entre sus piernas, sintiendo cómo se calentaba, y disfrutando de ello. Bajó una mano hasta el nacimiento de sus piernas, y acarició el triángulo, apretando, haciendo que la tela se humedeciera. Volvió a mirar su imagen reflejada en el espejo y pensó que era cierto lo del polvo, se supo caliente y sexual, y sonrió de nuevo, orgullosa de lo que veía.

Así, aún caliente y en ropa interior fue a la cocina a preparar algo para la cena. Había quedado con Ana, una amiga de hacía años, al menos una vez al mes quedaban para tener una cena tranquila en casa, aprovechar a destripar a sus ligues, o contarse mil y una cosas hasta las tantas de la madrugada. Mientras preparaba la cena, sonó el timbre. –Se ha adelantado, y no me ha dado tiempo ni a darme una ducha, algo me tiene que contar Ana, impaciente como siempre- se dijo riendo. Corrió a su cuarto, buscó una bata con la que cubrirse y fue hasta la puerta y abrió con una sonrisa en sus labios.

El empujón la llevó hasta la pared. Gritó, pero una mano apretó su boca haciéndola daño. Era el mismo hombre que la miró en el portal, sólo le dio tiempo a fijarse en sus ojos. Entró decidido y la inmovilizó. Detrás, uno de sus compañeros. Ella, atónita, no consiguió reaccionar cuando las manos abrieron su bata, cuando una pierna se introdujo abriendo las suyas. Cuando pudo darse cuenta de lo que estaba ocurriendo vio al segundo hombre acercarse a ella, intentaba zafarse y escapar, gritar, pero no lo conseguía –calla, puta— escuchó, muerta de miedo. Una tela tapó su boca amordazándola tan fuerte que le dolían tremendamente las comisuras.

El segundo hombre cerró la puerta, y entre los dos la llevaron a la fuerza hacia el interior del apartamento.La tumbaron sobre la mesa del salón. Ella no dejaba de patalear, quería gritar, pero no salía ni un sonido de su garganta, estaba aterrorizada, aún confusa, incrédula, sintiendo las manos que la apretaban, escuchando frases obscenas sin parar, la hacían daño, mucho daño, tanto que el propio dolor la paralizó. Pensó en un segundo que no tenía posibilidades, no quería que la destrozaran, y fue cesando su resistencia.
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-Si le gusta encima, menuda zorra. ¡Te vamos a dar hasta que no puedas más!

Mientras uno se puso entre sus piernas, sujetándola por los hombros contra la mesa, el otro apretó su cabeza contra el borde haciéndola estirar el cuello al máximo, se situó frente a su cara y, quitando la mordaza, metió su sexo erecto a la fuerza en su boca hasta el fondo, ahogándola, follando como si fuera un sexo abierto y húmedo. Se sentía ahogada, intentó respirar como pudo y se dejó hacer aguantando las arcadas. Los hombres se calentaban mutuamente preguntándose y diciendo mil y una cosas acerca de su cuerpo, de sus tetas, de su sexo, de cómo la chupaba… ella escuchaba, perdida, y asombrada porque a pesar de la vejación, las voces la calentaban

-¿Qué me está pasando?-

Sintió la tensión del hombre que follaba su boca agarrado fuertemente a sus senos, estirando de los pezones. Sintió el chorro caliente que la llenó ahogándola de nuevo, sintió el líquido resbalar hacia su nariz y sus ojos... Y sintió calor entre sus piernas, sorprendida de nuevo, asustada.


El otro, aún más caliente con la visión de su amigo, la atrajo hacia sí, estirando de sus piernas y abriéndolas aún más, rompiendo y arrancando su braga y tocando su sexo con brutalidad, ávidamente

–Si estás mojada. Te lo dije, tío... ¡Menuda zorra!

Sacó su sexo y se introdujo en ella. Bombeaba sin parar, llenándola, empujándola fuerte, mientras el otro sujetaba sus brazos y la miraba. Ya no hacía falta mordaza, ya no hacía falta sujeción, estaba agotada, medio ahogada, y sí, mojada. Con cada empellón una sorpresa más, una oleada de calor, un gemido. Gemidos que se fueron acompasando con los del hombre, empujones a los que respondió con sus caderas, caliente, cada vez más aprisa, hasta que estalló gimiendo y moviéndose como una perra en celo. El hombre culminó a la vez que ella, mirándola directamente a los ojos y diciéndola una y otra vez puta.

Todo cesó de repente. Estaba atónita, sobre la mesa, sin poder moverse, sin pensar en nada. El portazo la trajo a la realidad y fue consciente de lo que había ocurrido. No lloró, ni gritó, nada. Sintió vergüenza, confusión, alivio, miedo. Se incorporó despacio y fue al baño, abrió el agua de la ducha y se metió bajo el chorro, sintiendo el calor que alivió su cuerpo dolorido. Estuvo un largo rato bajo el agua, enjabonándose una y otra vez mientras se preguntaba cómo podía haber gozado en esa situación, no comprendía, pero sentía su cuerpo estremecerse al recordar. Salió de la ducha y se miró en el espejo, ni rastro de marcas, ni un rasguño.

Solo una marca indeleble, en su alma, abierta como una puerta hacia un lugar oscuro. Y la palabra puta resonando en sus oídos.



Fotografías: vi.sualize.us

lunes 2 de noviembre de 2009

Dedicado a jjadde


Aquella noche no había mucha gente en Luna Negra. Cuando llegamos pedimos unas copas y bajamos a la zona donde se encuentra la "mazmorra". Aprovechamos para mirar a fondo el local, pues la primera vez que estuvimos encontramos a conocidos y se nos fue la noche conversando.
Nos sentamos a tomar las copas y, pasado un rato, pedí a nadine que se levantase y me siguiera. En la "mazmorra" dispuse el cepo y coloqué a mi esclava en posición para que, al cerrar el cepo, quedase atrapara por el cuello y las muñecas.
Como había dejado las cortinas abiertas, desde el primer momento tuvimos un espectador, un hombre con aspecto de dominante que miraba la escena con mucho interés. A continuación, levanté la falda del vestido de cuero dejando la hermosa grupa de la perra al descubierto. Le di palmadas con mis manos y luego continué calentándola con una palmeta. Los sonidos atrajeron a otra pareja, de Amo/sumisa, que se sumaron al otro como espectadores.
Tras la palmeta usé varios tipos de fusta, intensificando los azotes sobre las nalgas y sobre los labios de su sexo. Cuando la piel de su culo ardía, la solté del cepo y la llevé hasta la cruz, pero esta parte la dejaré para comentarla en otro momento. Al regresar a casa hice estas fotos.




sábado 31 de octubre de 2009

Huellas en la piel...


Sobre la piel de nadine quedan las huellas de las cuerdas, los azotes, la intensidad del momento vivido...




jueves 29 de octubre de 2009

Vestida para...


Vestida para ir a "Luna Negra", donde fue colocada en el cepo y azotada.



lunes 26 de octubre de 2009

Juego


Dicen que jugar es “hacer algo con alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse”, y que un juego es “un ejercicio recreativo sometido a reglas y en el cual se gana o se pierde”.

Yo, confieso, no soy muy juguetona; lotería en navidad, algún juego en el que haya que usar la inteligencia, y poco más. De niña supongo que lo haría como todos, aunque mi mala memoria no me permite asegurarlo... Pero, aunque fuera más juguetona...

No dejaría que torturaran mis pezones por juego.

No admitiría que marcaran mis nalgas por juego.

No permitiría que llenaran mi cuerpo de agujas por juego.

No soportaría descargas eléctricas en mi piel por juego.

Si decido practicar alguna de estas “técnicas bdsm” es por dos razones, porque soy masoquista, y porque sé lo que significa la Entrega, y eso para mí, permítanme, no es un juego (ni un modo de vida, no se me confundan). Si así fuera, me valdría cualquiera para jugar, y no es así.


Si sólo fuera un juego, me daría lo mismo ganar o perder, la cuestión sería “entretenerse” un rato, y no me gustaría terminar caída irremediablemente tras el “juego”. Si fuera un juego, cualquier persona con un manual de instrucciones en sus manos sería Dom o sum, y, perdónenme, eso no me lo creo.

Quizá si nos ceñimos a la D/s resulta más fácil hablar de juego, (aunque la dominación psicológica puede ser más peligrosa que un corte en los pechos) Quizá si hablamos de sadomasoquismo es más complicado utilizar según qué términos, no sé.

Quizá nos da miedo hablar de sadomasoquismo...
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Fotografía: Cristian Crisbasan

sábado 24 de octubre de 2009

Azotes


A continuación de la cera, unos azotes en su hermoso culo...

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