martes 30 de junio de 2009

Tarde de sábado...







lunes 29 de junio de 2009

Abandono


Tanto tiempo pensando, que me sentía extraña. Siempre tuve un punto obsesivo, preocupada por el control, por hacer las cosas de buena manera, o de la mejor manera, tanto tiempo planificando, procurando ser perfecta, meticulosa, efectiva, dándole vueltas a las cosas…

Incluso en esos primeros momentos, mi tendencia a la perfección estaba presente. Me vestía con cuidado, procurando que cada prenda quedara colocada de manera correcta sobre mi piel tostada por el sol. Revisé el maquillaje con cuidado, ajusté mi peinado tensando las castañas guedejas, para que todo quedara en su punto justo. Me gustó la imagen que me devolvía el espejo, mezcla de deseo, satisfacción, nervios y tensión. Me vi hermosa.

Respiré profundamente, y sentí como un escalofrío que recorría mi espalda, y mi cuerpo caliente. Cuando cruzamos las miradas tuve ganas de abrazarme a él, pero mantuve la postura; erguida, las piernas entreabiertas, los brazos descansando a lo largo de mis costados, las manos cruzadas en la espalda. Ni una palabra, aunque intenté decirle tantas cosas con mis ojos, que en ese momento brillaban muy abiertos resaltando el verde entre el negro maquillaje de las pestañas. Al encontrarme en la otra mirada supe que había sabido enviar el mensaje. La sonrisa en el rostro querido y la caricia recibida lo corroboraron. Intenté prolongar el contacto, siguiendo el movimiento de aquella mano que tan bien conoce cada centímetro de mi cuerpo, y ya no importó nada más. En ése momento fue cuando mi mente se abrió, vaciándose.

Ya no importó aquella otra presencia, porque mi Dueño lo había llenado todo, haciéndome sentir segura al tiempo que me vaciaba. No importaban las órdenes de aquella otra voz desconocida, ni el sentirme un objeto, porque así era, eso es lo que era, un simple objeto para el placer. Hubo un momento en que escuché que se referían a mí, pero no era yo, no era nada.

Un simple juguete.

Y vinieron las manos, y de nuevo la nueva voz que me decía pero que yo no era capaz de procesar, sólo hacía lo que me mandaban, abría la boca, me dejaba hacer, me sentí apretada, colocada, manoseada… nada.

Pero, a pesar del vacío, de aquel total abandono, cada milímetro de mi piel sabía discernir de qué mano provenía cada azote, como si, a pesar de no ver y sólo sentir, el mismo golpe en la piel me dijera qué mano lo propinaba. Era casi mágico, como si cada poro fuera un ojo que pudiera llegar a ver la mano en el extremo del castigo. Como si, a pesar de no pensar, mi oído transmitiera hasta mi piel el diferente tono de cada voz. Como si, a pesar de no mirar, supiera distinguir entre el tacto conocido y aquellas nuevas manos que me tocaban. Por un instante me sorprendí de todo ello, pero sonriendo por dentro sentí que de nuevo el abandono me atrapaba.

Ni siquiera pensé en mi placer… nada importaba, sólo dejarme hacer, y dar. Darme por completo, de una nueva manera… de la forma en que fuera, porque mi voluntad no existía. No era nada.

No supe cuanto tiempo había transcurrido, casi ni sabía cuántos golpes, cuántas pinzas, cuántas veces mis agujeros habían sido manoseados y explorados. Ni siquiera sabía si mi garganta habría emitido algún sonido. Comencé a ser consciente cuando aquellos ojos en los que me había mirado tantas veces me hablaron sin decir, sonrientes. Cuando sentí el abrazo, cuando mis labios se humedecieron con el sabor de la lengua tan conocida. Entonces volvió mi mente y llegó la calma. Reconocí más vívidamente mi carne dolorida, sentí el rostro mojado, mi coño palpitante y empapado. Y reconocí la piel en el abrazo.

Volvíamos a ser dos solos, aunque no habíamos dejado de ser uno.


Fotografía: http://darkersightsandsounds.blogspot.com

sábado 27 de junio de 2009

Libre

La quiero libre, me gusta libre. Porque sólo desde la libertad puedo tener su absoluta entrega; porque sólo siendo libre puede ofrecerme voluntariamente su esclavitud. Sin embargo, siendo libre, lleva en su ser las marcas de su pertenencia a mí; como cuando la libero de un corsé quedan en su piel las marcas de las cuerdas que la han apretado.

viernes 26 de junio de 2009

Incongruencia

A veces te siento tan cerca, me siento tan cerca. A tus pies, y casi a la misma altura, y aunque pueda hablar libremente y tú me escuches con paciencia, yo misma me tiro de la cadena, me coloco en mi sitio, un poco asombrada de mí misma (te estás lanzando, vuelve a tu sitio calladita), un poco temerosa de que no te guste mi manera de actuar o mis comentarios, a pesar de que también sé que me quieres libre.

A veces me doy miedo. Siento nacer en mí ese lado sádico que me descubriste, que me despertaste, que me alimentas y con el que también juegas. Siento como nace pero me paro, lo aborto y me quedo quieta, a tu paso, a tus pies, sumisa... Pero me comentas, me tientas, me lanzas el hueso lejos, para que corra libre y suelta, dando saltitos de felicidad, como una cachorra, tu cachorra...

Juegas conmigo. A tu antojo, a tu manera.

Supongo que se puede dominar de muchas formas. Sé que se puede dominar de muchas formas. Siento que se puede dominar de muchas formas.

No solo soy sumisa en sesión, con una lencería sugerente, entregada en una cama, o atada en una cruz. Soy esclava, a tiempo completo, en cualquier situación. En la cama o en la mesa, cocinando, conduciendo, dando un masaje o discutiendo de música o política. Esclava cómplice. ¿Incongruencia?

Habrá quien no lo comprenda... Habrá quien sí. No intentaré explicar más.

Callaré, sádicamente sumisa
.
Fotografía: Forrest Frazier

jueves 25 de junio de 2009

Qué hace crecer a un Amo

He encontrado en mis archivos el siguiente texto que fue la respuesta que di a la pregunta "¿Qué hace crecer a un Amo?", que alguien formuló en una lista de correo a la que, entonces, estaba suscrito. Pasado el tiempo mantengo cada una de mis palabras.


Estamos en permanente estado de crecimiento y eso debería hacernos cada vez más humanos y poner más distancia con el resto de las especies animales. Creo necesario que la persona sea consciente y acepte ese hecho para encontrarse con una personalidad que en gran medida es obra suya, pero con una importante relevancia e influencia del entorno en que ha vivido, y vive, en su constante evolución.

He aprendido de mis fracasos, también de mis logros. Cada día aprendo de las personas que me rodean, y espero que esas personas también puedan encontrar en mí algo que les ayude a crecer social, espiritual, emocional, laboralmente…

Pero lo que más me ha enseñado ha sido el dolor y el sufrimiento de las personas. Mostramos con facilidad nuestros éxitos, pero ocultamos, generalmente, nuestras heridas, fallos y frustraciones que, a la postre, terminan marcando nuestro comportamiento en las relaciones con otros.

Además, cuando manifiesto mi sexualidad tengo una tendencia que se etiqueta como “dominante”.

Espero no cambiar, sí evolucionar, crecer… Espero mantener mi lealtad a las personas con las que estoy comprometido emocional, social y laboralmente. Deseo saber respetar a quien se me ofrece en el “juego” D/s, otro ser humano, con la misma dignidad que yo pero que juega en otro bando; lo que no me da derecho a usarla, manipular y confundir sus sentimientos, satisfacerme y dejarla porque... al fin y al cabo es sumisa y yo..., yo "soy Amo".

¿Qué me hace crecer?... Estar vivo me hace crecer; procurar tener los pies firmemente apoyados en el suelo me hace crecer; respetarme a mí mismo, para que me respeten los demás, me hace crecer; saber cómo soy y vivir mi vida con cierta coherencia, me hace crecer.

Además..., cuando manifiesto mi sexualidad, tengo una tendencia dominante que, en este mundillo, se etiqueta como "Amo".

miércoles 24 de junio de 2009

Dolor



Parece imposible que alguien disfrute al tiempo que grita. Alguien que grita de dolor .


Ese momento de máximo dolor la mente se dispara. Aunque suelo ser silenciosa, a veces el latigazo de dolor saca, a mi pesar, el sonido desde mi garganta.


A veces, gritaría pidiendo clemencia, suplicando que cesara el castigo. Pero veo su expresión de disfrute, sus ojos encendidos de deseo, y siento mi cuerpo empapándose, caliente, cada vez más caliente… a pesar del dolor... Gracias al dolor.

Y después, tras el encuentro… el otro dolor, más sordo; al roce de la ropa, al moverse, al rozarse recordando. Y vuelvo a revivir la escena, y vuelvo a sentir sus manos, sus ojos, su mirada, su dominio.


Y vuelvo a sonreír dichosa, y tiemblo de nuevo, y volvería a gritar, y digo desde muy dentro de mí, esta vez sin que me pese el grito… ¡¡Suya!!
-
Fotografía: Roberto Segate

Jugando con pinzas (II)


video

martes 23 de junio de 2009

Detalles...



Se que me repito con este tema, pero no me canso de capturar detalles cotidianos que muestran la sensualidad de nadine. Sus movimientos, su forma de hablar..., todo cuanto hace está impregnado de una elagancia natural que es un goce para los sentidos.

lunes 22 de junio de 2009

Jugando con pinzas (I)


Me gusta pinzar sus pezones, miro su cara en ese momento y me extasío con sus gestos y gemidos de dolor... Debo tener un poco, o un mucho, de sádico.





Las pinzas muerden sus labios, las agito con mis dedos y tiro de ellas. La perra gime, a veces grita, siente el dolor pero su coño se moja... se moja... Debe ser un poco, o mucho, masoquista.

viernes 19 de junio de 2009

Un Sueño


Estaba arrodillada en el suelo, las rodillas separadas, erguida la espalda, los brazos hacia atrás, recogidos en la espalda, con las manos cruzadas a la altura de la cintura.

Mi piel era tan blanca que casi resultaba transparente. Brillaba, pero al mismo tiempo se veía suave como terciopelo. Contrastaba con el rojizo de mi melena que llegaba casi hasta la cintura, con los pezones pintados, rojos, rojo bermellón de puta, y con el negro de mis uñas, de tu marca en mi pubis, de mi boca maquillada en negro, y de mi ropaje de perra.



Mi traje de perra... Bandas negras que apretaban fuertemente mis tetas, exhibiendo entre ellas los pezones tintados. Cordones negros que, desde la cintura, taladraban mi culo y mi coño, abiertos, mojados. Las medias negras apretando mis piernas, y mi collar de perra del que pendía tu símbolo.

La cabeza humillada, los ojos bajos. No veía a mi Dueño, sólo Sus manos que acariciaban mi cara, mi cuello, que entraban en mi boca, que apretaban mis tetas fuerte, pellizcando mis pezones, haciéndome daño, poniéndolos más duros aún de lo que estaban. A mi pesar, no pude reprimir un quejido al sentir el dolor intenso en mis pezones. Pero, al tiempo, mi coño se empapaba.

Veía tus manos sobre mi cuerpo, tus manos que se tiñeron de rojo al manosear mis pezones, tus manos que iban dejando un rastro rojo por mi cuerpo según lo tocaban... mi vientre rojo... mi coño rojo, empapado. Notaba el gotear de mi sexo a cada momento, mojando las medias, mojando el suelo, por Ti. Y sentía tus manos hurgando en mi agujero, apretando, entrando tus dedos muy dentro una y otra vez. Volviendo después tus dedos a mi boca, dándome a beber así mis jugos, y empapándome aún más.



Dejé de sentir tus manos. Ahora estabas frente a mí, tocando tu polla dura. Me ordenaste abrir la boca, que ya te ansiaba golosa. Ordenaste que asomara mi lengua de perra entre mis labios negros. Estabas tan cerca que sentía el calor de tu polla, su aroma, la veía, brillante, dura, y babeaba por ella. ¡La deseaba tanto entre mis labios! Me ordenaste cerrar los ojos, obedecí.

Sumisa.

Y paseaste tu polla por mi cara, por mis labios negros abiertos, por mi lengua que la buscaba ansiosa. Y entraste en mí, follando mi boca. Tus manos agarraban mi cabeza, moviéndola a tu antojo, apretándola fuerte contra tu vientre, aflojando de tanto en tanto. ¡¡Y yo chupaba, y me atragantaba, y la cara se me llenaba de saliva, desdibujando la pintura de mi boca, entre arcadas, y mis ojos llorando, y me ahogaba!!

Tu puta.

Dejaste de apretar mi cabeza, pero yo estaba tan caliente que no paré ni un instante. Chupé, lamí, degusté tu polla glotonamente, babeando, ahogándome y sonriendo, buscando tus ojos con mi mirada, y empapándome cada vez más.



Tu perra lamedora

Y tus manos en mis pechos de nuevo, apretando, fuerte, muy fuerte. Sentí que te endurecías aún más, sentí tus espasmos, escuchaba tus gemidos... el vértigo de mi Amo. Mi Dueño que me follaba hasta el fondo, que casi me ahogaba de nuevo. Mi Dueño corriéndose, dándome a beber su esencia, y yo... con la pintura corrida, la barbilla y cuello mojados, Tu esencia resbalando entre los labios... la cara de una verdadera puta, y tuya.

Tu zorra caliente.

Bebí. Seguí lamiendo tu polla, limpiándola con tanta devoción, tanto respeto... mi Dueño me había dado tanto. Se durmió entre mis labios tu miembro, y sonreía agradecida sintiéndolo reposar de nuevo, dulcemente. Besé tu polla dormida. Recogí con mis manos la esencia de mi Amo que quedaba en mi cara, la bebí sin dejar ni una gota relamiéndome, golosa.

Y me postré, y busqué tu mirada agradeciendo, y sonreí, y besé tus pies. Y fui la esclava más feliz del mundo; mi Amo me había usado.


Soñé con mi Amo y desperté excitada. Los pezones duros. La piel caliente, los labios hinchados, y mi cara… la de tu zorra, empapada.

jueves 18 de junio de 2009

Frases VI

"No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas"
Lucio Anneo Séneca



Habrá quien piense que todo es un toma y daca; "tú me das y yo te doy a ti", y cuando no se reciba "la recompensa", se pierda interés.

Yo no entiendo la sumisión sin esfuerzo, sin dolor, y no solo por causa de los azotes. Exisitirán momentos de dudas, de miedos, de no comprender bien lo que ocurre...

Todo es cuestión de confiar y de ser honesto con uno mismo y con el Otro, de tener voluntad y querer ir por ello, de Su mano. Siempre de Su mano

Cuando se consigue... es el cielo!!
.
Fotografía: Gilles Berquet

La ninfa

Recordaba ahora una pequeña pieza de porcelana que guarda mi padre como un tesoro. Representa a una ninfa, recostada sobre el tronco de un árbol tras el cual la observa un fauno de mirada libidinosa. Es una pieza muy bien trabajada y con un acabado delicadísimo. La recibió mi padre del suyo, a quien se la había regalado su hermano Jacinto, que residía a las afueras de París. Esta figurilla había sido realizada por Eloise, esposa de Jacinto.

Se cuenta en la familia que, meses después de contraer matrimonio, una vez regresaron de su viaje nupcial, el tío Jacinto tuvo que ausentarse de París, por negocios, durante dos semanas. Terminada la tarea, unos días antes de lo previsto, que le había ausentado de su domicilio, decidió regresar sin avisar, con la intención de sorprender agradablemente a su esposa.

Una tarde de primavera, cercano el verano, estaba Eloise en el pequeño pabellón acristalado del jardín posterior de la casa, donde solía retirarse a practicar sus aficiones, la pintura y la escultura en cerámica. Llegado Jacinto a la casa, entró con sigilo para darle la sorpresa a su mujer; pero, al no encontrarla, imaginó que estaría en el pabellón, así que se dirigió hasta ese lugar tan sigilosamente como había llegado. Se fue ocultando entre los arbustos del jardín para que su mujer no le descubriese, hasta que llegó a una zona donde el cristal del pabellón estaba cubierto por enredadera. Despacio, sin hacer ruido, fue buscando un hueco entre la hojarasca para localizar a su esposa y... se quedó perplejo ante la visión

En el centro del pabellón, junto al banco de trabajo, sentada, bueno, esa sería la mejor forma de expresarlo, sobre un taburete de madera, estaba su esposa completamente desnuda. Aunque... tampoco se puede decir así. Los senos de Eloise, delicados y redondos, estaban cubiertos por una fina capa de barro. Y, en ese instante, ella recorría su vientre con la mano que, previamente, había humedecido en la lechosa pasta. Poco a poco, acariciándose de esa forma, Eloise había ido cubriendo su joven y hermoso cuerpo con una capa de arcilla blanca de manera que, vista a cierta distancia, bien podría ser una de sus propias obras de porcelana.

Ante tal visión, Jacinto se sintió sobre excitado y se lanzó hacia la puerta del pabellón. Al entrar de forma tan impetuosa, Eloise se sobresaltó y quedó como petrificada, su cuerpo arqueado, y su mano derecha cubriendo su sexo. Jacinto corrió hacia ella y, cuando sus manos iban a tocarla se detuvo. Reaccionó como si al tocarla, la muñeca de porcelana en que se había convertido su mujer, se le fuese a romper entre los brazos. Jacinto serenó su impulso y comenzó a acariciar la superficie arcillosa del cuerpo de su esposa, las caricias eran delicadas. Eloise, una vez pasado el sobresalto de la sorpresa, se relajó y, cerrando los ojos, se dejó hacer. Poco a poco, Jacinto la fue cubriendo con sus besos y sus caricias. Abrazó el cuerpo de su mujer como quien toma en su mano una pieza de Sèvres. Ella, al tiempo, fue despojando a su marido de la ropa. Entre besos y caricias, Eloise, que permanecía sobre el taburete, hizo sitio entre sus muslos a su marido. Y éste, asiéndola por las nalgas, levantó el delicado cuerpo femenino hasta colocarla sobre el banco de trabajo. Sobre la masa de arcilla, Eloise recostó su cuerpo. De esa forma fue lamida, acariciada y saciada por Jacinto hasta que ambos terminaron, gozosos, unidos por el barro.

Comprenderéis que, conocida esta historia, cuando veo la figurilla en un estante del despacho de mi padre, no puedo dejar de pensar que quizás ese barro que hoy sostiene hermosas y delicadas formas un día cubriese el cuerpo de mi tía abuela Eloise, formando parte de sus refinados juegos sexuales.

Donatio

miércoles 17 de junio de 2009

Jugando con pinzas


video

Me había regalado la visión de su cuerpo cubierto por el corsé, sus pechos se ofrecían asomados al balcón de encaje invitándome a jugar con ellos...

martes 16 de junio de 2009

Mi descanso


Ella es mi descanso, su regazo es mi refugio, donde me siento protegido. Sentir su piel suave es rozar su alma, que siendo oscura quiso mostrarme toda su luz.

domingo 14 de junio de 2009

Gracias


A veces me detengo un instante, me recojo un tanto y me paro a pensar. Sí, sí, ya sé que crea hábito, que a veces es peligroso, pero… ¿Cómo dejar de sentir, de oler, de percibir?

Hay sensaciones que hacen sonreír al alma. Que hacen que la cabeza vuele libre, que se distraiga recordando, perdiéndose entre calor, risas, tacto, miradas, caricias... Momentos intensos, de compartir muchas cosas, de saberse cerca de alguien, complicidad, cariño, respeto, entrega, Amor.

Es una suerte poder compartir, saber que uno no está solo, poder dar, proteger, servir, cuidar.

Soy afortunada. Y rica. Rica en sensaciones, en calor, en paz. Todas esas cosas que mi Dueño me da cada día, a cada momento.

Ojalá sepa hacerte llegar mi gratitud, mi Dueño, ojalá sepa devolverte aunque solo sea una mínima parte de todo lo recibido. Ojalá sepa hacerme cada día un poco mejor para hacerte sonreír, para que tengas paz, para que goces, para que tus días sean un poquito más soleados, para que seas un poco más feliz.

¡Tanto querría darte!

Todo lo querría. ¡¡Para mi Dueño!!

jueves 11 de junio de 2009

Frases V

"Un buen artesano sabe extraer lo mejor de la arcilla. Al menos, debe saberlo hacer. Con el barro entre las manos, ha de intentar hacer la mejor obra. Nunca hay barro malo, puede ser más o menos apropiado para determinadas formas. Dar con la forma adecuada, sacar el mejor partido, y sentirse orgulloso de su obra, grande o pequeña, es el deseo final del alfarero"
Donatio




Te sentirás como nunca, cada día habrá mil y una razones por las que sonreír, te sentirás cuidado, tenido en cuenta, valorado, enseñado, mimado..., a pesar del dolor, del castigo, de la disciplina.


Cuando seas nada... te sentirás el todo, y te dejarás malear confiando, y sabiéndote en las mejores manos.

miércoles 10 de junio de 2009

Juguetes



Estos son algunos de los juguetes con los que a veces nos divertimos. Bolas chinas de distintos tipos, y la hermosa polla de goma que entra y desaparece en las entrañas de la perra...



lunes 8 de junio de 2009

Deseos

Hoy querría...

¿Querer?, ¿puede una esclava querer, desear?. Imposible, no tiene voluntad, no es nada, imposible pensar.
Y entonces... ¿esto que siento dentro?... ¿es querer?... ¿es insumisión?
Desear estar con Él a cada instante. Sentirlo en mi mente a cada minuto.
Desear darlo todo. Todo. Desear vaciarse, dejarse la piel en el intento. Cuidar. Mimar. Servir. Amar. Entregarse.
Desear ser guiada. Cuidada. Enseñada. Reprendida. Mimada. Castigada. Protegida.


¿Es esto insumisión?. Espero que no lo sea. ¡¡Deseo que no lo sea...!!

Vuelta de nuevo a desear.

Respeto. Cariño. Obediencia. Sumisión. Entrega.
Quizá las palabras sean otras, quizá la forma. Quizá la manera no sea la correcta.

Quizá...

Pero es eso en esencia. Desear dar. Desear entregarse. Desear dejar de ser, para estar en las manos del otro. Desear dar la vida, la mente, el cuerpo. Todo.


Paradoja, un objeto hablando de deseos. Pero es imposible evitar el sentimiento. Quizá haya que inventar nuevas palabras para describirlo. Quizá...¡Es tan difícil!

Sentir entonces. Quizá mejor hablar de sentir, notar, percibir. ¡Vivir!
Desear.

No sé decirlo de otra forma, no soy capaz. La sensación me invade. Es eso en esencia. Desear

Desear ser suya. Su esclava, para que disponga de mí. Su sierva, para ofrecerle todo. Su perra fiel siempre a sus pies. Su gata en celo que se eriza por Él. Su puta cachonda para que me use cuando desee. Y darle todo. Todo.

¿Desea una sumisa?
¡Yo deseo!

domingo 7 de junio de 2009

Paralelo 4

Fotografia: www.obsessionart.com

El suave crujir de la tela hizo que me pusiera alerta, ya vuelve, pensé ansiosa. Pero no era él. Un hombre joven estaba a uno de los lados de la cama mirándome. Yo miraba su cara de expresión ávida, los ojos que no dejaban de explorar ni un solo milímetro de mi cuerpo, y me sentí violenta y humillada. Pero estaba indefensa y absolutamente expuesta a esos ojos desconocidos. Sin mediar palabra, acercó una de sus manos a mi sexo abierto que estaba empapado, lo que pareció gustarle y soprenderle a partes iguales, a juzgar por su expresión. Sólo en ese momento dijo con voz ronca “menudo coño de puta”, y sin miramientos comenzó a manosearme.

No sabía cuantos dedos tenía dentro de mí, pero los movía sin cuidado dentro y fuera, y me miraba directamente a los ojos, escrutando mi reacción. Sacó sus dedos mojados de mi interior, y los llevó hasta mi boca que también fue penetrada con rudeza, haciéndome degustar así mi propio sabor. Volvió a mi coño y se empleó con fuerza.

Yo me calenté aún más siendo follada por los dedos de un desconocido y en lo que las cuerdas me permitían, seguía su movimiento con mis caderas, cada vez más excitada. Él, que iba animándose al ver mi reacción, se ayudó de la otra mano y abriendo mis nalgas, me penetró también el ano haciéndome daño. Las sacudidas eran fuertes, en aumento, igual que mis gemidos y mi humedad. De repente sacó sus dedos de mi interior, volvió a meterlos en mi boca para que yo los chupara, y tras sacarlos y pasearlos por mi cara me dijo, “hasta pronto, zorra”.

En los siguientes segundos tras su marcha, sentí mi cuerpo que pedía más, mi coño vacío que quería más, y mi ano ya mojado y dilatado. No importaban la vergüenza ni la humillación, estaba caliente, sí, como esa zorra que aquél tipo había nombrado, y estaba dispuesta a todo. No supe el tiempo que había pasado. Me parecieron horas, por el ansia que mi cuerpo tenía de ser usado, y sintiendo mi cuerpo pulsátil y encendido, esperé atenta a cualquier sonido y busqué su voz de nuevo.
De nuevo el crujido de la tela avivó mi ansia. Vuelve, pensé sonriendo por dentro, e intentando adivinar su figura desde la posición obligada en que me encontraba.

Cuando vi a aquella mujer, me sorprendí. Vestida con un traje negro que no dejaba ni una sola curva por remarcar, con una melena impresionante, roja, y un caminar altivo y seguro. Rodeó la cama sin dejar de mirarme. Yo, la miraba desafiante directamente a los ojos, deleitándome en sus rasgos felinos, en su boca pintada, en su porte. Se detuvo a mi lado, y se sentó en la cama, cruzando sus piernas y sacando un cigarrillo de su bolso, que encendió con parsimonia. Yo miraba cada uno de sus movimientos intentando adivinar. No me disgustan las mujeres, pero estar atada e indefensa frente a una, me producía una especie de rechazo y de rebeldía.

Una de sus manos fue directamente hacia uno de mis pechos, acariciándolo un segundo y arañándolo después con sus garras pintadas. Hubiera querido escaparme, quitarle la mano de mi pecho, pero me era imposible, y cuando sentí su mano aprisionándolo, haciendo que el pezón sobresaliera aún más, el dolor y el placer ya superaban mi instinto de protestar. Vi como, con la misma parsimonia con que había dado algunas caladas al cigarrillo, lo fue acercando hacia mi seno. Temía, no quería, hubiera gritado que no, pero yo no decidía. Estaba allí para ser usada por él, y reprimí la negativa. Seguí sin pestañear la trayectoria del cigarrillo, comencé a sentir el calor como una cuchillada punzante. Temblaba, esperando… y me empapaba, esperando.

Cuando sentí la quemadura, ahogué un gemido, y cuando los dedos se cerraron sobre mi pezón quemado, me revolví en mi propia inmovilidad y ahogué un grito mientras pensaba… es para Ti, e imaginaba su figura y su cara mirándome, y sentía su presencia allí mismo, a mi lado.

La mujer cogió mi otro pecho, y repitió la operación. Esta vez no hubo lentitud, acercó la punta enrojecida y la mantuvo en el pezón durante un tiempo, quemándolo. Grité, pero la quemazón no cesaba, punzando y doliéndome, mientras yo, con los ojos cerrados soportaba el dolor a duras penas. Cuando cesó, la miré de nuevo. Fumaba tranquilamente, dando una calada larga que hizo que el extremo del cigarro se encendiera, haciendo juego con su melena, y con un movimiento rápido, lo apagó sobre mi carne dolorida.

Fui consciente de mi propio olor, sentí el calor que por un instante laceró mi carne, y la vi sonriéndose mirando la ceniza sobre mi pecho. Y la vi sonreír más, cuando pellizcó mi pezón ennegrecido, clavando en él sus uñas y estirándolo hasta hacer que me retorciera del dolor.Con la misma parsimonia que había llegado, se levantó y se fue, dejándome en el centro de la cama. Gimiendo y ansiando. Dolorida y mojada, por dentro y por fuera.

sábado 6 de junio de 2009

Paralelo 3


Tras comentar lo que esperaba de cada una de aquellas personas, quise asegurarme de que no habría más errores. A la madame no le debió resultar difícil adivinar mis pensamientos, según reflejaba mi expresión y, empujando a un tipo obeso y completamente calvo, dejó espacio para poner ante mis ojos la mesa de registro y, sentado a ella dándome la espalda, un tipo menudo de pelo negro brillante y liso que le cubría el cuello de la camisa. Me acerqué y, antes de que yo dijese nada, la casera me espetó...

-¡Es muy bueno en esto!

El técnico tenía ante sí varios monitores y se afanaba por conseguir una imagen nítida en cada uno de ellos y, al tiempo, me mostraba sus habilidades. Varias cámaras de video recogían su cuerpo desnudo sobre la cama negra. Un plano general, otro cenital que el operador acercaba con el zoom hasta un primerísimo plano de sus ojos claros; otra cámara recogía el centro de su cuerpo y otras dos la flanqueban por los costados. Me sentí satisfecho e incluso admirado ya que, en mi visita previa, no fui capaz de descubrir los puntos donde se ubicaban las cámaras.

-¡En esa pantalla más grande, puede verlo mejor!- Me dijo la madame, mostrándome su sonrisa satisfecha.

Me giré, al tiempo que se iluminaba una gran pantalla y aparecía la imagen del chico entrando en la habitación. Contemplamos como la examinaba con la mirada y como, a continuación, acercaba su mano al pubis rapado de la mujer. El cambio de cámara recogía la mano del hombre y sus dedos abriendo su coño rezumante de humedad. Le hundió tres dedos y en la pantalla aparecieron de repente sus ojos claros y la expresión de su cara.

El operador de video aguantó unos segundos ese plano en el que pudimos intuir, sin verlo, las manipulaciones del chico en el coño de la mujer. Cuando sus gemidos se hicieron patentes, la imagen cambió a un primer plano de su coño empapado, mientras la mano del hombre empujaba y se retorcía con fuerza en su interior.

En ese momento llamé la atención de la pelirroja que se acercó a mí. Sin levantar la voz, pero en un tono audible por todos le comenté...

-Se quedará con ganas, conozco sus reacciones, así que es momento de cortarle el ritmo. Espero que te emplees bien, no me defraudes.

La mujer asintió con una sonrisa sin perturbar su lacerante mirada. Se dispuso para salir a escena en el momento en que la pantalla mostraba la boca de ella deformada por la presión de los dedos del joven; éste se los hacía lamer y los sacaba restregándolos por su cara dejando un rastro húmedo sobre la piel.

Supimos que había terminado cuando le vimos aparecer por la cortina. La pantalla mostraba el primer plano de su coño húmedo, abierto y palpitante. La pelirroja me miró esperando la señal; aguardé un par de minutos y asentí. Todas nuestras miradas convergieron en la gran pantalla que mostró, primero, un plano cenital de su cuerpo abierto en aspa y, a continuación, la entrada de la pelirroja en el encuadre. Caminó despacio alrededor de la cama. De tanto en tanto, se nos ofrecía una imagen de los ojos de mi perra que, imposibilitada de movimientos, intentaba seguir el deambular de la otra mujer por la habitación.

Tras haberla observado, la pelirroja se sentó al filo de la cama; se tomó tiempo para abrir su pequeño bolso, extraer el paquete de tabaco, tomar un cigarrillo en sus labios y encenderlo... Tras exhalar la primera bocanada de humo dejó el encendedor dentro del bolso, lo cerró y depositó a un lado, sobre la sábana negra. Se giró hacia ella y extendió su mano sobre uno de sus pechos. Lo acarició apenas y lo arañó con sus uñas violetas; extendió su mano sobre él y la cerró con fuerza haciendo sobresalir el pezón. En la pantalla, sus ojos claros se abrieron como se abre una ventana al océano, y exhaló un suspiro mezcla de dolor y placer.

La pelirroja, sin aflojar su presión sobre el pecho, avanzó la otra mano sosteniendo el cigarrillo. Lentamente lo fue acercando al pezón. Cuando ella percibió lo que acontecía, intentó negar... pero ahogó su negativa antes que saliese de sus labios. Levantó cuanto pudo su cabeza fijando la mirada hacia su pezón, cuando la punta incandescente casi lo rozaba.

Un rápido juego de primeros planos nos fue mostrando la mano que presionaba el pecho, el pezón hinchado, el rojo extremo del cigarrillo y la expresión de su rostro. Hasta que el cigarrillo quemó la piel del pezón y ella emitió un gemido que era más un grito ahogado. Entonces, la pelirroja soltó el pecho y, sin esperar, volvió a apretar, ahora sobre el pezón quemado y dolorido. Pellizcó y lo estiró. Ella sudaba y, en la medida que sus ataduras se lo permitían, se retorcía sobre la cama. La pelirroja, siempre silenciosa, cambió de posición de forma que pudo alcanzar el otro pecho. Lo presionó con la mano como el anterior, y volvió con la misma operación. Al contacto de la brasa con la piel del pezón, ella volvió a gritar, pero esta vez la pelirroja no soltó tan rápido sino que esperó unos segundos, dio otra calada a lo que quedaba del cigarrillo y clavó la punta incandescente sobre la areola del pezón, aplastando con fuerza el cigarro. Después, soltó el pecho y se detuvo a mirarlo un instante. Un primer plano mostraba la zona quemada, manchada por la tizne de la ceniza y los restos del cigarrillo retorcido sobre la areola. La pelirroja, entonces, apretó con sus dedos el pezón quemado, clavando sus uñas y estirándolo con fuerza.

De nuevo, el plano cenital nos mostraba su desnudez retorciéndose sobre el negro de la sábana. Sus gritos, que fueron gemidos, se ahogaron en el fundido negro de la pantalla...

Donatio (202)

viernes 5 de junio de 2009

Preliminares

No he hablado antes de los preliminares, la espera... Los disfruto tanto como cuando pasamos a la "acción". En esos momentos contemplo la belleza de nadine de una forma especial, su disposición, su entrega...


A veces está muy nerviosa, sabe que me gusta sentirla así, y se gusta a sí misma porque también eso me lo entrega. Su respiración agitada..., siente tan a flor de piel que si la rozo gime o se le escapa un suspiro, nos entendemos perfectamente en ese lenguaje de sentimientos, sin palabras...; y, entonces, nos sentimos tan cómplices...


Su entrega es tanta que alguna vez no he continuado con lo que había dispuesto. ¿Para qué? Se que me lo va a dar, que lo va a hacer, aunque sabe lo mucho que le va a costar, aunque no es de su agrado, pero lo hará. Entonces le digo: "es suficiente, con tu voluntad me basta", y la abrazo.

No la he tocado aún, pero si pongo mi mano ahí la encontraré empapada, caliente, dispuesta... ¡Esta es mi perra!

Foto dedicada de Perro

jueves 4 de junio de 2009

Paralelo 2


Me recogió en casa y cuando vi aquella expresión tan conocida en sus ojos, simplemente dije hola cuando me senté en el coche, y besé su boca jugosa. Durante el trayecto no cruzamos palabra, no hacía falta, aunque yo, de nuevo luchaba entre las ganas de saber y el deseo de sólo sentir, como tantas veces…

Llegamos a una casa en el centro de la ciudad. Llamó al timbre y cuando sonó la apertura automática de la puerta entró, guiándome. Nadie salió a recibirnos. Caminamos por un pasillo blanco con varias puertas, sin muebles, sin adornos. Vacío, pero con un ambiente especial que lo llenaba todo. Se detuvo frente a una de las puertas, la abrió y me dijo que entrara, cerrando la puerta tras de sí.

Una vez dentro se acercó a mí abrazándome fuerte, yo creía que mis piernas no podían sostenerme, y sentí sus brazos fuertes apretándome y dándome fuerzas. Me miró sonriendo, acariciando mi cara, y cerró sus labios sobre los míos, buscando en el interior de mi boca con su lengua caliente.

Desnúdate, me dijo, y yo fui quitándome una a una cada prenda, colocándolas sobre una silla que había en una esquina de la habitación. Hasta ese momento no me había fijado en cómo era, una sala amplia con algunas sillas y que presidía una gran cama de forja vestida con sábanas negras. En una de las paredes, un aparador lacado en negro, nada más.

Cuando estuve desnuda me llevó hasta la cama, de la mano, y me invitó a tumbarme. Mientras yo me colocaba en el centro de la cama, se encaminó hacia el aparador y volvió a mi lado con unas cuerdas en sus manos. En ese momento yo temblaba como una hoja, y sentía mi piel erizada y el calor entre mis piernas, no era capaz de pronunciar palabra y el miedo la excitación y el deseo me invadían.

Fue atando mis manos y mis pies a los barrotes de la cama. Los tensó fuertemente, de tal forma que ningún movimiento me era factible, y una vez me hubo inmovilizado me miró un rato, acercándose a mí. Yo quise besarlo, quise decirle, quise salir de allí, pero no pude. Sólo me tranquilizaron sus manos que recorrieron mi cuerpo y su lengua en mi boca, que se quedó vacía cuando se separó de mí, saliendo de la estancia. Sólo en ese momento me dí cuenta del sonido. Se escuchaba una música suave, y un murmullo de gente que provenía no sabía de donde. Tuve miedo.

Estaba inmóvil, indefensa, sólo sintiendo el latir de mis sienes, mi respiración acelerada. Y mi sexo abierto, expuesto, y empapado. Sólo veía el techo de la habitación que se juntaba con las paredes, pintadas de un gris plomizo, y entonces, me dí cuenta de que la pared que correspondía a la cabecera de la cama no era tal. Era una cortina del mismo color que la estancia. Era de allí de donde venían la música y las voces. Y entonces temblé más, sabiéndome allí indefensa. Y temí más, y me ericé más.

Intentaba distinguir palabras entre los murmullos y las risas, pero fui incapaz. Aunque conseguí encontrarlo. Su voz sonaba entre otras. Era su tono, aunque no distinguía las palabras. Entonces respiré un tanto aliviada, intenté relajarme y, cerré mis ojos, esperando que cualquier cosa ocurriera.

Exhibición por webcam: nadine y perra T.




Las dos perras postradas y dispuestas a obedecer.



miércoles 3 de junio de 2009

Felacion


“Mi problema con la felación es que no sé parar. Mi boca y mis manos se niegan a renunciar a esa cosa exquisita, a ese juguete maravilloso, ídolo de oro al que nunca dejaré de adorar y al que nunca rendiré suficiente culto.
Y porque, además, pensar en lo que va a salir me da más hambre, más sed; y debo tragar la savia a toda costa.
O por lo menos verla brotar, con lo que casi me pongo a dar brincos de alegría como los críos con el guiñol, o me estremezco de gusto mientras la espero en mi cara. “

El Cuaderno de Rosa
Alina Reyes.

No son mías las palabras, aunque suscribo su significado absolutamente... Ante tan gustoso manjar, ¿cómo no lamer, chupar, libar, sorber, succionar, beber con fruición tan adorado tallo?

Soy golosa y glotona, siempre he sido una buena mamona. He chupado pollas largas, cortas, gruesas, finas casi como un dedo, de distintas texturas, sabores y aromas. Algunas me han llenado hasta ahogarme casi, a otras las he abarcado entre mis labios y dentro de mi boca como si fuera un niño amamantándose, siempre lo he disfrutado, me encanta proporcionar placer de esa forma, casi es mi mayor placer, pero... ¡¡chupar Su polla...!!

Podría estar así toda mi vida, gustándote, paladeándote, mi Dueño!!

martes 2 de junio de 2009

Paralelo 1

Llevaba planeando esto desde hacía varias semanas, pero el agobio en el trabajo y la escasez de tiempo libre habían ido alargando el momento. Alguien me había hablado del lugar, me lo recomendó como de toda confianza, pero me gusta comprobar las cosas por mí mismo y prepararlo todo minuciosamente. Previamente había visitado la casa, tal como me habían dicho, la dueña -una mujer mayor empeñada en vestir como una jovencita-, se mostró afable y dispuesta a complacer previo pago del importe convenido por teléfono. Me gustó el lugar, sobrio, amplio y con ese olor especial que dejan años de amores prohibidos, relaciones tempestuosas, pasiones desbocadas y alguna orgía sin contemplación de sexos o edades.

La habitación era justo lo que necesitaba, la cama perfecta..., tan sólo un detalle fuera de mi gusto que le hice saber a la madame: la cama estaba vestida con sábanas negras y no son de mi agrado, así que le pedí que las cambiase por blancas.

En el escaso mobiliario de la habitación destacaba un aparador hacia el que dirigí mis pasos, abrí sus cajones y comprobé que estaba vacío. De la bolsa que portaba extraje unas cuerdas, tras de mí pude adivinar un gesto extraño de la mujer, me volví hacia ella y pregunté si tenía algún problema; gesticuló negativamente con la cabeza sin decir nada y terminé de colocar las cuerdas en uno de los cajones del mueble; lo hice despacio, disponiéndolas en paralelo unas con otras; luego, con la misma parsimonia, cerré el cajón.

-¿Está dispuesto todo lo demás?-. Pregunté a la madame.

-Todo como usted me indicó por teléfono-. Añadió la mujer.

Apenas bajé a la calle la llamé por teléfono al trabajo, como lo había hecho en tantas ocasiones. Quedé en recogerla en su casa, sin darle más instrucciones.

Puntualmente subió a mi coche, me saludó con un “hola” y me besó. No hacía falta más, me conocía y la conocía; por eso supe que el centro de su cuerpo ardía y desprendía calor como una fumarola. Hasta llegar al lugar nos dijimos las palabras justas.

En el centro de aquella habitación de tonos neutros era como una brasa reluciente. Temblaba, sentí una gran ternura hacia ella en ese momento y la abracé, mis brazos la sostuvieron mientras besaba su boca.

Se desnudó a mi orden, la dirigí hacia la cama y la hice tumbar. En ese momento me sentí enormemente contrariado, las sábanas negras seguían cubriendo la cama. Si se había desatendido mi deseo de cambiarlas... ¿qué certeza podía tener de que el resto estuviese preparado correctamente? Pero no era momento de dudar, quise evitar que se rompiese el clima y continué con lo previsto. Del aparador saqué las cuerdas, cuando estuve junto a la cama su cuerpo seguía temblando y su piel estaba erizada. Sin dilación me dispuse a atarla por las muñecas y los tobillos, abriéndola en aspa, tensando las cuerdas con fuerza. Al apretar sentía su respiración acelerada, de soslayo la miré y vi su frente perlada de sudor.

Cuando la tuve bien sujeta me detuve un momento a contemplar su indefensa desnudez. Recorrí su piel con mis manos y tomé su boca con mi lengua.

Me aparté y salí de aquel espacio traspasando el pesado cortinaje por un extremo. En ese momento recuperé la confianza que hacía unos momentos puse en duda, la madame, tan desapropiadamente vestida como la última vez que la vi, conversaba con un grupo de personas de las características que yo había pedido.

Tras saludarles escuetamente, comenté a cada uno su cometido.

Donatio (2002)

Fotografía: Tony Ward

lunes 1 de junio de 2009

...Su dulce boca


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