
Dicen que jugar es “hacer algo con alegría y con el solo fin de entretenerse o divertirse”, y que un juego es “un ejercicio recreativo sometido a reglas y en el cual se gana o se pierde”.
Yo, confieso, no soy muy juguetona; lotería en navidad, algún juego en el que haya que usar la inteligencia, y poco más. De niña supongo que lo haría como todos, aunque mi mala memoria no me permite asegurarlo... Pero, aunque fuera más juguetona...
No dejaría que torturaran mis pezones por juego.
No admitiría que marcaran mis nalgas por juego.
No permitiría que llenaran mi cuerpo de agujas por juego.
No soportaría descargas eléctricas en mi piel por juego.
Si decido practicar alguna de estas “técnicas bdsm” es por dos razones, porque soy masoquista, y porque sé lo que significa la Entrega, y eso para mí, permítanme, no es un juego (ni un modo de vida, no se me confundan). Si así fuera, me valdría cualquiera para jugar, y no es así.
Si sólo fuera un juego, me daría lo mismo ganar o perder, la cuestión sería “entretenerse” un rato, y no me gustaría terminar caída irremediablemente tras el “juego”. Si fuera un juego, cualquier persona con un manual de instrucciones en sus manos sería Dom o sum, y, perdónenme, eso no me lo creo.
Quizá si nos ceñimos a la D/s resulta más fácil hablar de juego, (aunque la dominación psicológica puede ser más peligrosa que un corte en los pechos) Quizá si hablamos de sadomasoquismo es más complicado utilizar según qué términos, no sé.
Quizá nos da miedo hablar de sadomasoquismo...
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Fotografía: Cristian Crisbasan